04 JUN 2015 | NOTA DE INTERÉS

Vivir en la oficina

No es sinónimo de productividad estar más horas en la oficina.

Los trabajadores cumplen con una jornada que debe estar dentro de los parámetros legales, siendo fundamental que exista un balance entre la vida privada y profesional en términos de horas trabajadas.

El realizar horas extras es una realidad existente en muchos trabajos, las razones de eso pueden variar: lograr terminar en una fecha determinada algún trabajo, excesiva carga laboral que no permite salir a la hora establecida, inconvenientes aislados que atrasan la jornada o simplemente la persona no logra ser lo suficientemente productiva para sacar lo encomendado en el horario establecido.

Siendo una realidad que estar más horas en el trabajo no significa ser más productivo. Un estudio hecho por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y publicada en The Economist develó que, mientras más trabajan las personas, más aminora su productividad. Esto queda en evidencia en países con economías más desarrolladas, como Alemania y Holanda, en donde han implementado jornadas laborales más cortas.

El retirarse tarde del lugar de trabajo puede crear muchas más desventajas que ventajas: en ocasiones se llega a terminar con los pendientes del día, pero los trabajadores comienzan a desganarse y estar frustrados, cansados y desmotivado, lo que recae de manera clara en las labores.

El salir en el horario establecido está ligado, en gran medida, al empleado, de su capacidad para organizarse y evitar las distracciones. Al tener claro que terminar tarde no es nada bueno para el rendimiento, se generará un plan para ser más eficiente y así terminar dentro de las horas establecidas. 

Se recomienda que las horas extras no se vuelvan parte de la rutina laboral, ya que si bien los jefes consideran de buena manera a los trabajadores que tienen la disposición de quedarse más del tiempo del normal, a la larga es un acto perjudicial tanto para el empleado como para el empleador, por eso es bueno: 

Administrar bien el tiempo.

Establecer un enfoque apegado en los resultados.

Atacar los problemas de raíz.

Identificar tareas innecesarias que hacer perder el tiempo.

Reducir el número de juntas.

No mandar mails fuera del horario de trabajo.

Evita que llevarse trabajo a casa.