08 JUN 2015 | COLUMNA DE OPINIÓN

¿Se pueden evitar los accidentes en espacios confinados?

En los últimos años el trabajo en espacios confinados ha significado lamentar la muerte de varios trabajadores, los que si hubieran tenido los medios físicos y el conocimiento de los riesgos propios de la tarea, se podrían haber salvado.

Por Sergio Albornoz Godoy / HSEC MAGAZINE, EMB

El reciente accidente ocurrido en una clínica del sector oriente, en donde resultaron fallecidos tres trabajadores al ingresar a un pozo con materia orgánica, nos recuerda trágicamente un tema recurrente: la falta de procedimientos en trabajos en espacios confinados. La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos (OSHA) define los espacios confinados como: “espacios con aperturas de entrada y salida limitadas, y no habilitados para la ocupación de trabajo continuo”.

En este contexto, ejemplos de espacios confinados incluyen bóvedas subterráneas, tanques, recipientes de almacenaje, registros, pozos, silos, bóvedas de servicio subterráneas y tuberías de distribución.

Cada uno de estos puede producir daños graves o fatales a personas que ingresen a ellos sin el procedimiento correspondiente, lo que incluye las acciones, mediciones y verificaciones antes, durante y después del trabajo, con un equipo de protección personal acorde con los riesgos presentes.

Ácido Sulfihídrico: Un enemigo invisible

Todo lo anterior, que parece evidente, no lo es en pleno siglo XX para muchas empresas que continúan enviando a sus trabajadores a este tipo de ambientes sin ningún tipo de procedimiento o equipo de protección personal. Esta grave negligencia se repite, lamentablemente, en forma periódica. En diciembre de 2002, en el terminal pesquero de la comuna de Lo Espejo, tres trabajadores resultaron lesionados al ingresar a limpiar un pozo de desechos orgánicos, dos de los cuales finalmente fallecieron.

Tres años más tarde, en agosto de 2005, tres trabajadores murieron al inhalar ácido sulfihídrico en una alcantarilla en la comuna de Estación Central mientras realizaban trabajos para Aguas Andinas. En la misma emergencia dos carabineros resultaron gravemente lesionados al intentar rescatar a los trabajadores.

Y así como estos, múltiples otros accidentes nos recuerdan el potencial de daño en los espacios confinados.

Uno de los gases más frecuentes en este tipo de espacios es el Ácido Sulfihídrico, gas incoloro con un olor característico a huevos podridos, formado a partir de la descomposición de materia orgánica. Los niveles a los cuales una persona puede exponerse a este gas sin daño, según el Decreto Supremo N°594 del Minsal, son de 8 partes por millón (ppm) en una jornada laboral, no pudiendo pasar de los 15 ppm en ningún instante. Cabe destacar que a los 5 ppm afecta el sistema del olfato, impidiendo ser percibido por esta vía y que sobre los 300 ppm puede provocar la muerte en pocos minutos por asfixia química. Este gas, clasificado por Naciones Unidas con el número 1053, además es inflamable, bastando que exista una concentración de 4,3% de producto en aire para que se pueda encender en presencia de una fuente de ignición.

Su presencia puede ser detectada por instrumentos multianalizadores, los cuales indican su concentración, junto con el oxígeno del aire y otros gases como el Monóxido de Carbono.

Con el conocimiento sobre estos gases y su potencial de daño en espacios confinados, es especialmente grave que las empresas sigan enviando a sus trabajadores a estos escenarios sin protección adecuada.

Acciones preventivas

Bomberos de Chile regularmente debe responder a este tipo de emergencias, preparando una partida de búsqueda y rescate, la cual debe monitorear en forma previa el lugar para verificar la ausencia de gases inflamables y tóxicos, como a la vez, niveles normales de oxígeno.

De encontrarse la atmósfera alterada, se procede a realizar ventilación forzada con equipos inyectores de aire intrínsecos que ventilan sin generar chispas ni estática que pueda encender la atmósfera inflamable. Una vez creadas las condiciones, se hace el ingreso con trajes de protección química, equipos de respiración autocontenidos y líneas de vida que aseguren su recuperación en caso de emergencia. Asimismo, en el exterior queda una pareja de igual capacidad y equipamiento, la cual solo ingresa en caso de emergencia a rescatar al primer equipo. Entre ambos equipos mantienen contacto permanente.