30 APR 2013 | COLUMNA DE OPINIÓN

Por qué es importante tener una estrategia

“No podemos dirigir el viento... pero podemos orientar las velas”.

Por Juan Valda / Grandes Pymes

“No podemos dirigir el viento... pero podemos orientar las velas”, y que nadie dude que saber cómo y cuándo orientar las velas, son decisiones estratégicas.

Creo que sería total y absolutamente válido extender el sentido de la pregunta y plantearnos si realmente podemos pensar en  alguna actividad en cualquier orden de nuestras vidas sin una estrategia. 

Cuando hablamos de estrategia se pueden percibir dos grandes tendencias. La primera se orienta a la dinámica o interrelación que la empresa tiene con su entorno (clientes, competidores, proveedores, productos sustitutos, condiciones políticas, económicas, sociales y tecnológicas), mientras que la segunda  utiliza como centro de su definición a la capacidad de las empresas para generar sus objetivos, programas, políticas y de la creatividad para desarrollar nuevas y distintas formas de concretarlos. 

Lamentablemente, en muchos de los casos, los empresarios de las pequeñas y medianas empresas asocian el concepto de estrategia a la utilización de ciertas herramientas como matrices o grandes estudios de mercadotecnia y por lo tanto suponen que sus negocios no cuentan con los recursos como para aplicarlos.

Confunden los medios utilizados -es decir, las herramientas-, con el fin perseguido: "definir dónde quiere llegar con su empresa, analizar el contexto para identificar las oportunidades y amenazas para poder alcanzar sus objetivos y luego diseñar los planes o caminos por los cuales transitar". 

Y aclaro explícitamente que digo “confunden” y no “desconocen” porque en realidad, todo su accionar, desde que comienzan con sus emprendimientos, es estratégico (sólo que nunca lo llamaron de esa manera). 

Considero que al empresario Pyme le cabe perfectamente esa expresión atribuida a Igor Sikorsky cuando dice “Según respetados textos de aeronáutica, el abejorro no puede volar a causa de la forma y el peso de su cuerpo con relación con la superficie de sus alas. Pero el abejorro no lo sabe y por eso sigue volando”.

Si el emprendedor se pusiera a pensar que debe desarrollar una visión, misión y  valores para su actividad, que debe evaluar las oportunidades y amenazas que le plantea el contexto, que debe además realizar una evaluación crítica en lo que hace a sus capacidades (fortalezas y debilidades) y que como si todo ello fuera poco, debe desarrollar una manera diferente, casi única, para satisfacer a sus clientes para destacarse, seguro que en muchos de los casos, tendríamos un emprendedor frustrado trabajando nuevamente bajo relación de dependencia.  Pero, afortunadamente, nuestro hombre no lo sabe y por eso sigue volando. 

El emprendedor, el empresario de la pequeña y mediana empresa, vive todos esos conceptos de manera natural e intuitiva. Hace la inmensa mayoría de los “deberes” que las universidades nos enseñan a los profesionales pero simplemente no le pone los mismos nombres.  

Sueña, “ve” su empresa a futuro, sopesa sus posibilidades, conoce el negocio, el mercado, a sus competidores, a sus clientes y a sus productos como nadie. Sabe perfectamente qué hacer, cuándo y cómo hacerlo porque su “olfato” o su “ángel” lo orienta, más allá de los nombres rimbombantes que los profesionales le demos a las herramientas. 

Por eso cuando nos planteamos si es importante tener una estrategia, la respuesta no admite discusión, y no solamente ES importante, sino que es imprescindible. Una empresa que quiera SER en el futuro no puede abdicar de su obligación de trabajar en pos de ello, y no existe manera de conseguirlo sin un propósito y un conjunto de pasos para alcanzarlo.  

No gestionar estratégicamente, no tener una RAZON DE SER como empresa es lo que hace que muchas de las veces los empresarios que fracasan atribuyan los malos resultados al contexto, a la competencia, a la presión tributaria, a la globalización, estécera.

Suelen esconderse de su responsabilidad bajo una actitud de victimización con la cual justificar lo que no hicieron y ponen las “causas” de sus fracasos lo suficientemente lejos (el Estado, el Mercosur, la Globalización, las decisiones del gobierno, el tipo de cambio) para no asumir sus responsabilidades. 

Es cierto que en general las Pyme no tienen acceso a la gran masa de recursos que poseen las empresas de mayor envergadura, pero afortunadamente, la capacidad de crear un futuro deseado está más allá de los recursos económicos y nada reemplaza al empresario para “ver” un negocio y para determinar la mejor manera de aprovecharlo.

Este artículo es una cortesía del blog Grandes Pymes del Doctor en Ciencias de la Administración, Juan Carlos Valda.