26 DEC 2013 | ARTÍCULO

El emprendedor ¿nace o se hace?

Los que el emprenden puede nacer con algunas cualidades y ca­pacidades personales que lo ayuden en los emprendimientos que reali­zan.

Cortesía / Revista Gana Más

Mucho se habla de empren­dedores y emprendimien­tos, existen algunos que logran el éxito y otros que aunque lo intentan con muchas ganas y es­fuerzo, no pegan y se desvanecen.

Sin embargo, qué hace que algunas personas sean emprendedoras y otras no? Qué algunos apuesten por un negocio propio o una pequeña empresa? Qué algunos vean opor­tunidades y negocios donde otros no vieron nada? Qué algunos arries­guen todo por un sueño?

Existen muchas teorías acerca de si el emprendedor nace o se hace, sin embargo, es posible que sea un poco de lo primero y mucho de lo segun­do. Es decir, el emprendedor puede nacer con algunas cualidades y ca­pacidades personales que lo ayuden en los emprendimientos que reali­ce, pero es más seguro que pueda “aprender a emprender” si eso es lo que busca para su vida y su futuro.

Anthony Tjan, coautor del best seller del New York Times, “Heart, Smarts, Guts, and Luck (corazón, inteligen­cia, agallas y suerte), explicó parte de su investigación, realizada para este libro, en un artículo publica­do en la revista Harvard Business School, donde resaltó que, de la encuesta realizada a miles de em­prendedores exitosos, la mayoría coincidió en que para lograr el éxito empresarial habían cuatro pilares que eran la base de todo emprendi­miento: el corazón, la inteligencia, las agallas y la suerte.

De estos 4, refiere Tjan, son las aga­llas las que pueden frenar o enca­minar un proyecto emprendedor, ya que se necesita mucha valentía para emprender algo nuevo, y exis­ten preocupaciones de diversos tipos que pueden frenar una inicia­tiva. Por eso, si se tiene el coraje necesario, se podrá perseverar aun cuando las cosas se vayan poniendo difíciles o no salgan como uno espe­raba.

En el artículo se señala, también, que incluso la suerte se puede educar, siendo humilde y abierto, teniendo la actitud correcta y cons­truyendo una red de relaciones in­terpersonales honestas y leales. El corazón en cambio, es el lugar de inicio, el punto de partida de todo emprendimiento. Es el deseo y la pasión por ir tras los sueños has­ta lograrlos. La inteligencia es el razonar cómo llevar a cabo el pro­yecto deseado y usar las mejores herramientas para lograrlo. Pero, nada funcionará si no se tienen las agallas su­ficientes.

Tjan mencio­na 3 situa­ciones que saltaron en las encuestas reali­zadas y que ayu­daron a construir este valor:

1 Haber tenido alguna incur­sión en los negocios o ventas durante la niñez o juventud. De todos los encuestados, el 80% aseguró que esa expe­riencia les ayudó a formar su carácter.

Haber realizado alguna acti­vidad relacionada a las ven­tas, en la que uno haya sido rechazado muchas veces, ayuda en la formación de un emprendedor.

2 Haberse entrenado para situa­ciones de riesgo, a través del conocimiento de casos prác­ticos y ejemplos que los ayu­daron a dar respuestas a los problemas que iban surgien­do en el camino, como por ejemplo, demandas, recorte de personal, problemas de clima laboral, etc.

3 Haber contado con el apoyo de los colaboradores, en es­pecial si se invirtió en conseguir un buen clima la­boral, con bue­nos sueldos y beneficios, ello permitió que los em­prendedores se sintieran respaldados y lograran sus ob­jetivos, de la mano de sus colaboradores.

Todas las personas pueden tener el emprendimiento como algo dentro de sí, que falta explotar, justamente porque no hay el valor suficiente para hacerlo. Entonces, la mayoría prefiere quedarse en su “zona de confort” (aunque no estén del todo cómodos), antes de emprender algo nuevo que no saben cómo resultará. Sin em­bargo, cuando la gente dice que no es emprendedora o creativa, está mintiendo, porque puede aprender a serlo, todo está en la motivación que tenga para ello. Y no hablamos solo de emprender algo propio. También se puede ser emprendedor en el trabajo en el que estamos, dando iniciativas, teniendo buenos proyectos, inno­vando permanentemente, etc. Lo importante es tratar de renovarnos siempre, formando una cultura em­prendedora en diferentes áreas.

Ahora ya lo sabe, si siempre le picó el bichito del negocio propio, y cree que no nació para ello, anímese, intente realizar su sueño y si al final no resul­ta, no importa, ud. se habrá sacado el clavo y además se sentirá bien de haberlo intentado, como dice la can­ción “es mejor perderse, que nunca embarcar, mejor tentarse a dejar de intentar…vale más poder brillar, que solo buscar ver el sol…”