30 APR 2014 | COLUMNA DE OPINIÓN

El diseño ergonómico en el puesto de trabajo

El diseño ergonómico es una buena herramienta preventiva para reducir enfermedades profesionales y accidentes por sobreesfuerzo o error humano.

Por Mauricio Santos / HSEC MAGAZINE, EMB

La mala postura o los movimientos forzados, provocados por el puesto de trabajo, son una fuente directa de enfermedades profesionales y accidentes. Ahí yace la importancia del diseño ergonómico en el lugar de trabajo. En esta columna, revisamos las principales consideraciones en torno al uso de esta disciplina dentro de las empresas.               

 El diseño ergonómico es una buena herramienta preventiva para reducir enfermedades profesionales y accidentes por sobreesfuerzo o error humano. No hablamos de los accesorios de escritorio -como el “mouse ergonómico” o la “silla ergonométrica”- que ocupan erróneamente el concepto para diferenciarse del producto promedio en el mercado, sino del resultado de un análisis profundo del puesto de trabajo para resguardar la adaptación del usuario y así reducir errores posturales y biomecánicos en la interacción con las herramientas utilizadas en la ejecución de un trabajo. Es decir, una solución técnica que siempre debe ser pertinente con las características antropométricas, biomecánicas, funcionales y operativas ya existentes en la relación del factor humano con la maquinaria y el entorno de trabajo.

No se puede mejorar un cargo en el cual, por ejemplo, no se han resuelto componentes básicos de higiene industrial, ya que la ergonomía permitirá buscar la eficiencia una vez que no exista riesgo para la vida de las personas. Este enfoque obliga a la ergonomía a trascender mediante la ejecución de mejoras en los puestos de trabajo, una vez que ya se ha logrado asegurar la eficiencia, salud y seguridad del trabajador en él.

La propuesta de diseño ergonómico y el rol del ergónomo

El puesto de trabajo es un sistema y, como tal, una propuesta que no sea pertinente puede generar nuevos problemas o incluso aumentar los costos de operación. El ergónomo debe analizar y evaluar la intervención planeada -en base a la investigación y levantamiento de los factores de riesgo ergonómico-, revisando las opciones del mercado, investigando la tecnología del rubro de la empresa, involucrándose en la ejecución de la mejora in situ, midiendo, entrevistando, registrando y, si es posible, realizando el trabajo para empaparse de sus dificultades y exigencias del puesto.

Idealmente, la propuesta de solución debe ser precisa, barata y fácil de explicar, para permitir que trabajadores y empresa adhieran a la mejora sugerida. Asimismo, en ciertos casos, es recomendable la participación de los trabajadores y supervisores del puesto intervenido, lo que algunos llaman “ergonomía participativa”.

En una ocasión, participé en la propuesta de mejora para una tarea realizada por un técnico mecánico, consistente en remover 4.000 tornillos por jornada para el desmonte de una estructura. El puesto obligaba a una postura forzada de miembros superiores, los cuales se mantenían elevados permanentemente con el uso de un barrote-taladro por más de dos horas continuas y 10 giros por tornillo para removerlo.

Con estas condiciones, las molestias músculo-esqueléticas aparecieron rápidamente y el Comité Paritario levantó el tema para su evaluación técnica, que determinó condiciones de riesgo alto y hasta críticos. La propuesta de intervención se basó en el reemplazo de la herramienta mencionada por un atornillador inalámbrico de menos de 500 grs., con lo cual se redujo notablemente el tiempo de ejecución de la tarea al 25% y en más de 40% los riesgos ergonómicos observados.

El barrote taladro -con su forma de berbiquí- obligaba a usar todo el miembro superior en cada giro, exigiendo mayor frecuencia muscular como tarea altamente repetitiva; en cambio, el atornillador permite disminuir el número de movimientos y alternar la ejecución entre ambos brazos, lo que redujo la exposición. Podríamos preguntarnos por qué no se había realizado el cambio antes, pero la velocidad de respuesta de la operación y los años de experiencia en la tarea de una manera determinada, a veces, no permiten incluir innovaciones.

En esta situación, la metodología del diseño ergonómico buscó corregir el problema a través de la mejor propuesta -el cambio de la herramienta-, porque así se cambiaba también la condición de riesgo, por lo que resultaba más eficiente frente a otras medidas de mitigación, como pausas y ejercicios.

Pero no todo se reduce a cambiar equipos y herramientas. Por ejemplo, en caso que se busque que la ejecución de esfuerzos en el manejo manual de cargas se realice dentro de las alturas de trabajo seguras -para así evitar la torsión y flexión de espalda-, una propuesta correcta generalmente recomendará agregar asideros o tiradores a la estructura o elevar unos centímetros la superficie de trabajo. Estas pequeñas mejoras permiten reducir en más de un 50% los factores de riesgo ergonómico por postura (sin considerar aún el límite de carga o la frecuencia de la operación).