14 MAY 2014 | COLUMNA DE OPINIÓN

El cambio en las Pymes empieza por sus líderes

Es importante  para cualquier empresa visualizar una oportunidad de cambio.

Por Jorge Rucci /Grandes Pymes

Ya hemos comentado lo importante que es para cualquier empresa que visualice una oportunidad de cambio, concretarlo a partir de premisas simples pero ejecutadas con gran firmeza y determinación. Suele suceder que el empresario Pyme, en un punto de su evolución, se plantea realizar ajustes generales que en muchas ocasiones afectarán la relación que mantiene con la gente con la que trabaja, especialmente si se trata de miembros de su propia familia.

Al cabo de varios años de trabajar con ésta realidad hemos podido confirmar que generalmente esta intención de cambio se apoya en que quienes trabajan CAMBIEN, no necesariamente el empresario. Y ya se ha dicho en innumerables ocasiones también que esto trae muchísimas pérdidas de tiempo, esfuerzo y dinero. Ahora bien; una cosa es decirlo y otra muy distinta es poder demostrarlo.

Tomando el caso que venimos analizando últimamente, la única persona que entendió que había una oportunidad y no quería desaprovecharla, era el hijo mayor. ¿Cómo, no fue el padre el que convocó a la consultora? Sí, pero eso no significa que estuviera dispuesto a cambiar de la manera que es necesario.

Veamos. El dueño de la empresa quería poder contar con más tiempo para dedicarlo a las ventas y menos a las cuestiones vinculadas con la producción. Como no es una persona ordenada, no había logrado encauzar el orden en esta área. De hecho, ni bien aumentó el volumen de ventas gracias a sus esfuerzos, empezó a tener problemas con las entregas ya que la programación que realizaba era verdaderamente deficiente. Hacía “agua por todos lados” como solía decirnos. Además, tampoco había pensado demasiado en las inversiones que serían necesarias para acompañar las mayores ventas.

Es allí en donde se acerca a nosotros que comenzamos a pensar con él la mejor estrategia para poner en práctica. Los detalles son muchos pero nos parece seguir mencionando aquellos que están directamente relacionados con su familia. Decidió incorporar personal (era necesario) y puso en manos de su hijo esta tarea. Al hijo mayor le solicitamos determinar el perfil de los que se incorporarían. Hicimos un buen trabajo de definición de necesidades y rápidamente nos abocamos a la búsqueda y selección.

Es costumbre de nuestra consultora presentar al responsable de la empresa una terna de candidatos que se ajustan, a nuestro criterio, al perfil buscado. Cuando llegó el momento de las entrevistas que coordinamos con su hijo, el dueño de la empresa nos dijo: Ojo que quiero conocer a los candidatos para elegir bien, eh!

Inmediatamente le pedimos una reunión de trabajo para exponer nuestro punto de vista sobre lo que estaba por hacer. Era, ni más ni menos, que manifestarle indirectamente a su hijo, que no confiaba plenamente en su capacidad de selección. Se lo dijimos. También le expresamos que, durante el período de prueba de los elegidos en cada puesto, era posible revisar y eventualmente corregir si, efectivamente, la elección no había sido la mejor.

Eso lo tranquilizó un poco pero por sobre todo le sirvió para corregir una forma de proceder que invariablemente trae conflictos. Nos lo dijo y agradeció sinceramente. En éste punto pensamos que era bueno hacerle conocer a su hijo que el tema de la selección del personal estaba totalmente en sus manos. Lo hicimos porque en alguna oportunidad nos había dicho sobre su desconfianza sobre el tema. -Papá va a terminar decidiendo quien entra y quién no, nos dijo resignado. Así que confirmarle su responsabilidad era el mejor camino. Serviría para devolverle la confianza sobre sus capacidades y confirmarle que su padre había descubierto que el CAMBIO debía comenzar por él mismo.