27 DEC 2013 | ACTUALIDAD

El balance del año que termina

Juan Carlos Valda / Grandes Pymes

Faltan días, horas casi para terminar el 2013 y normalmente se acerca ese momento del año en que se suelen aplicar criterios contables a la vida. Es decir, se busca “cerrar” el balance.

Se trata de recordar lo bueno (aquello que quedó del año, las “ganancias” que se tienen al lado) y de tener presente lo malo (lo que no se desea repetir). Se piensa en qué cosas se tienen hoy que no se tenían antes (los activos) y qué deudas se han sumado en el camino (los pasivos). Pero como en toda contabilidad, sólo se refleja aquello que puede traducirse a números (no hay todavía rubros en el balance para los intangibles más que para las marcas) sino que tampoco se suelen reflejar en ese documento las deudas con uno mismo, que son las más importantes y las que más aquejan.

Cuando se adquieren deudas con terceros (proveedores, bancos, etc.) se suele  hacer un análisis minucioso de cuánto dinero se va a tomar, a qué tasa de interés, durante cuánto tiempo, y fundamentalmente si esto va a generar los recursos para poder cancelar las cuotas sin problemas, ¿cierto?.

Ahora bien, y cuando asumimos una deuda con nosotros mismos, con nuestros sueños, deseos, necesidades, tiempos personales, calidad de vida y con lo que se añora para el núcleo familiar y seres queridos, ¿qué sucede?.

Esta es la época del año en la que habitualmente la vida hace recordar cuánto se ha dejado de lado y qué poco se han honrado estas deudas (¿será por eso que sólo se hace el balance una vez por año y no mensualmente?).

En estas fechas se corre para festejar con compañeros, amigos, incluso hasta con personas que no se ven a menudo… ¡que paradoja!. Luego se apremia para comprar regalos de navidad, de reyes, etc. para los hijos, esposos, esposas y demás seres queridos. Nuevamente nos dejamos para el final (o se hace para evitar enfrentarnos a nosotros mismo y decirnos: ¿qué hemos hecho de nuestra vida este año?”).

Este es el momento de hacerlo: recordar y parar el vértigo. Tomarnos un tiempo para nosotros mismos. Sentarnos en la sala, en el balcón, en el jardín. Cerrar la puerta de la oficina. Desconectar el teléfono por un rato y reflexionar sobre qué vida se quiere para el próximo año (comenzando por objetivos cortos).

Es tiempo de cerrar los ojos, respirar profundo. Tiempo para dejar de quejarse por aquellas cosas que se desean y que nunca ocurren o se tienen, simplemente porque se espera a que se materialicen mágicamente o que la vida las regale y por ello se deja de trabajar para conseguirlas. Dejar de buscar excusas para no pagar esas deudas que se tienen con uno.

Hay un gran secreto que se debe tener en cuenta, si se está bien con uno, el entorno estará mejor. Se tendrá más fuerza y más motivos para seguir viviendo más plenamente y además, ese es el único regalo que la gente que realmente nos quiere necesita para estar bien.

En este 2014 que ya se tiene por delante, incluyamos el grupo de gente por la cual trabajamos y esforzamos. Regalémonos el tiempo necesario para hacer aquellas cosas que siempre quisimos y nunca “pudimos” (gran mentira: siempre se puede solo que se priorizan otras cosas). Vamos filtrando la lista de “amigos” (quienes están demasiado ocupados o atareados para devolverte un saludo, una llamada o un simple mail, no son amigos….. son contactos. Aunque duela, es la realidad, aceptémoslo).

Obligarse, si es necesario, a tener un momento para soñar y fundamentalmente para planear cómo concretar esos sueños y que no queden en un proyecto que a fines del 2014 vuelvan a “pasar factura”. Elegir qué batallas vale la pena pelear por su importancia y  por que se acercan a los sueños, y cuáles NO. Tener claridad de saber cuáles batallas son personales y cuáles son de los demás.

Diseñar nuestra propia vida sin conformarse con el papel secundario que los demás diseñan. Si no se puede cambiar eso, pues, también habrá que pensar que la comodidad de seguir donde se está o, de hacer lo que se hace puede ser un costo demasiado alto en términos de calidad de vida, ¿no? (y como tal, habrá que tomar decisiones).

Este es el momento, aunque en realidad todos lo son, para elegir quién se va a ser. No hay que perder esta oportunidad otra vez. Reencontrase con los ideales, con los valores, con la  imagen que se tenía al salir de la adolescencia, cuando se soñaba en cómo se sería a los 30, 40, 50, 60  años. Por esta vez, hagamos algo distinto, sin generar más deudas personales. Comencemos a pagarnos. Retomemos el camino y… a andar !!!!!