20 FEB 2015 | Artículo

Deshidratación en el trabajo

Dentro de los oficios o profesiones que presentan más riesgo de deshidratación, se encuentran los empleados agrícolas, los trabajadores de la construcción, el personal de aseo civil, los trabajadores portuarios, entre otros.

Por Claudia Vega / HSEC MAGAZINE, EMB
                     
Tal vez uno de los mayores riesgos a los que se someten algunos trabajadores es a la deshidratación, producto de la falta de ingesta de líquidos o de una excesiva exposición a altas temperaturas, o a ambos factores. Si bien hay actividades que presentan mayores riesgos, cuando nos enfrentamos a épocas de alta temperatura, todos somos susceptibles a sufrir un cuadro de deshidratación.
 
Grupos de riesgo
Según la European Hydratation Institute (EHI), todas las personas si consumen poco líquido o se exponen a altas temperaturas pueden cursar un cuadro de deshidratación, siendo los sujetos más susceptibles los niños, los adultos mayores y las mujeres embarazadas o nodrizas.
 
El ser humano está constituido por agua (un 60%, en hombres; un 50%, en mujeres). Dentro de las principales funciones de este componente vital, se encuentran el transporte de nutrientes, el transporte y excreción de desechos metabólicos, la mantención de la estructura y función celular, la humectación de la fricción generada en la superficie de los órganos y sistemas, y la mantención de la temperatura normal del cuerpo. La mentablemente, el organismo no cuenta con sensores muy sensibles al estado de hidratación; se ha comprobado que cuando aparece la sensación de sed es porque ya comenzó a gatillarse una leve deshidratación.
 
Las consecuencias de este cuadro clínico van desde síntomas muy sencillos como dolor de cabeza, falta de concentración, visión nubosa; hasta signos clínicos mucho más complejos, como piel y mucosas secas, caída de presión arterial, taquicardia y finalmente, shock hipovolémico (solo en situaciones asociadas a otra condición patológica).
  
Dosis adecuada
La recomendación de ingesta de líquidos para un adulto promedio es de 2 a 2,5 litros diarios, dependiendo de la contextura y altura de cada sujeto. Esta cantidad equivale a 7 a 10 vasos de agua al día. Se recomienda beber agua (idealmente filtrada para evitar consumir metales o desechos propios de las cañerías que transportan el agua potable), agua desmineralizada (especialmente cuando hay diagnóstico de hipertensión arterial), jugos de fruta sin adición de azúcar (existen en el mercado jugos de frutas orgánicos, por ejemplo, que no tienen aditivos industriales), aguas de hierba sin adición de azúcar (se puede añadir edulcorantes permitidos por la Food and Drugs Administration, FDA, como la stevia, la sucralosa, la sacarina, el aspartamo, entre otros).
 
Líquidos enriquecidos
Cuando las personas se van a someter a largas horas de trabajo sin posibilidad de ingerir alimentos adecuadamente, es conveniente hidratarse con líquidos ricos en electrolitos y con azúcar en sujetos que no sean diabéticos (hipotónicos, isotónicos o hipertónicos), conocidas como bebidas isotónicas. Esto es necesario, porque el agua se transporta a la sangre en conjunto con los electrolitos y la glucosa; si consumimos solo agua sin alimentos, es probable que igualmente se produzca un cuadro de deshidratación por la falta de absorción del líquido al medio interno. Finalmente, cabe recordar que los alimentos, especialmente sopas y guisos, también aportan líquido a nuestro organismo, pero este aporte no es suficiente y debemos complementarlo con la ingesta directa de agua a diario.