13 JAN 2015 | COLUMNA DE OPINIÓN

Complejos tiempos para América Latina

El deterioro del escenario externo afecta a la Región, que se enfrenta a una fase de creciente desaceleración económica.

Por Sebastián Cerda Norambuena / Revista Dinero. EMB

La caída de los precios de productos básicos erosiona la rentabilidad esperada de muchos proyectos, lo que mantiene deprimida la inversión. Las políticas domésticas no hacen mucho por recobrar las confianzas perdidas.

La época de alto crecimiento económico en América Latina, sustentado en una alta entrada de capital extranjero y altos precios de productos de exportación, parece finalmente haber llegado a su fin. Por el contrario, los nuevos vientos externos se caracterizan por un dólar más fuerte, una desaceleración en la demanda global por commodities, y consecuente caída en los términos de intercambio de las economías de la Región.

De acuerdo al último informe de perspectivas mundiales del FMI, el crecimiento de América Latina durante 2014 será de apenas un anémico 1,3% y la recuperación de 2015 solo alcanzará un decepcionante 2,2%. Estas proyecciones son cerca de un punto porcentual inferiores a las de abril pasado, como consecuencia de un deterioro en el escenario externo relevante y crecientes dificultades internas que limitan seriamente el crecimiento.

Peor todavía, los escenarios de riesgo son aún importantes, ya que, a pesar de la aún alta agresividad de las autoridades monetarias de las economías más avanzadas, las interrogantes parecen estar asociadas a los efectos de una menor liquidez externa como consecuencia del retiro de estímulos por parte de la Reserva Federal de los EE.UU. Un endurecimiento en la política monetaria en los EE.UU. puede gatillar una aún mayor apreciación global del dólar, con efectos deflacionarios, por una parte, y deterioro en los términos de intercambio de países exportadores de materias primas, por otra.

Si bien el dólar se ha apreciado cerca de un 8% en relación al promedio de las monedas de sus socios comerciales desde principios de julio, aún se encuentra 15% más débil, en términos reales, que su promedio de las últimas cuatro décadas. Es evidente que un escenario como el descrito representa dificultades para la Región, ya que la eventual caída en términos de intercambio reduciría la rentabilidad de muchos proyectos de inversión, contribuyendo así más a la actual desaceleración económica. No obstante, en medio de este complejo escenario externo, resalta la heterogeneidad con que la Región enfrenta estos nuevos tiempos, lo que es un reflejo de fundamentos y políticas económicas muy divergentes al interior de América Latina.

¿Qué se viene?

En las economías de la Alianza del Pacífico, particularmente Perú y Chile, el crecimiento del PIB se ha desacelerado fuertemente este año debido al deterioro de los precios de las exportaciones (metales), en conjunto con una erosión de la confianza doméstica. Para compensar tal desaceleración, los bancos centrales han procedido rápidamente a relajar su política monetaria, permitiendo depreciaciones de las monedas, al mismo tiempo que los gobiernos han respondido con anuncios de mayor expansión fiscal de cara a 2015. Por su parte, Venezuela y Argentina transitan por un sendero particularmente peligroso, ya que las malas políticas económicas han profundizado aún más los desequilibrios macroeconómicos.

Una combinación de recesión, con inflación al alza, escasez de bienes e inseguridad pública, continúan incrementando el descontento social. Sin embargo, sin políticas correctivas, estas economías son cada vez más vulnerables a una inesperada caída en los precios del petróleo (Venezuela) y de productos agrícolas (Argentina), lo cual hace más probable una escalada en las tensiones sociales y un deterioro en los indicadores de solvencia y capacidad de pago de las obligaciones públicas y privadas. Finalmente, en el caso de Brasil, el gigante de la Región, su economía ha seguido decepcionando de la mano de una incertidumbre que solo parece perpetuarse, ya que, por ejemplo, la confianza empresarial en el sector industrial continúa deprimida en niveles parecidos a lo registrado durante la recesión global de 2008. Dicha confianza ha sido minada por la ausencia de reformas pro crecimiento, en un difícil contexto global y la reciente reelección presidencial parece ofrecer una oportunidad para un cambio de rumbo que requerirá que la presidenta Rousseff ponga en práctica políticas que recobren confianzas largamente extraviadas.

América Latina fue bendecida por un regalo desde el resto del mundo, un largo boom de precios de productos básicos que impulsó al alza la rentabilidad de muchos proyectos. No obstante, ese escenario desafortunadamente ya ha llegado a su fin. Para la Región, esto supone desafíos importantes de continuas mejoras en productividad de sectores exportadores de productos no básicos y de servicios. Las reformas que hoy se discuten en la Región, lamentablemente, destruyen incentivos a la inversión y el ahorro, con efectos negativos para la inversión y el valor de las acciones. El desafío regional -entonces- está en no seguir deteriorando los fundamentos macro porque, tal como lo acontecido en décadas pasadas, nuevamente América Latina se encuentra en una coyuntura compleja donde podría dilapidar el regalo que tan generosamente le brindó el exterior en los pasados años, por la vía de excepcionales condiciones externas que ya no se encontrarán presentes.