13 JAN 2015 | ARTÍCULO

Competencias en prevención de riesgos

Desarrollar las competencias necesarias para la prevención de riesgos es esencial, ya que nos permite enfocar y concentrar los esfuerzos en lo que es necesario para que la organización alcance sus objetivos operacionales y estratégicos.

Por Víctor Hernández / HSEC MAGAZINE, EMB
    
La gestión efectiva en seguridad se obtiene a través de la evolución de las condiciones físicas del lugar de trabajo, buenas prácticas de gestión de seguridad y salud en el trabajo, y de la gestión de comportamientos. Trabajando en estos tres focos podemos sacar ventajas ampliamente positivas en nuestros indicadores de seguridad y salud laboral, poniendo énfasis en la gestión de comportamientos. Junto con ello, un buen proceso de reclutamiento permitirá desarrollar en el trabajador aspectos productivos, de calidad, y, por defecto, un colaborador seguro.

Parte de un plan es definir acciones con objetivos y metas claras, responsabilidades y roles bien acotados, junto con proveer recursos suficientes. En este último punto, es esencial el compromiso de la alta dirección.


Tres pilares

En el ámbito de las condiciones de trabajo, se debe cumplir con exigencias de tipo legal, estándares propios de la misma compañía o simplemente buenas prácticas. En este sentido, el pilar de las condiciones físicas se puede construir con la práctica efectiva de las 5S (metodología de Calidad ideada en Japón referida al mantenimiento integral), con la cual se pueden conseguir lugares de trabajo mejor organizados, ordenados y limpios, mejorando las condiciones de trabajo y la moral del personal.

Asimismo, es posible eliminar riesgos potenciales, orientándose a la implementación de directrices más estrictas en el reconocimiento de riesgos críticos, reflejado en controles operacionales ingenieriles o de mejoras en terreno. Otro pilar fundamental es el de la gestión. En este campo, aparecen sistemas (como las conocidas normas ISO, OHSAS, Control Total de Pérdidas DNV, entre otras) que efectivamente, bien implementados, aseguran el resultado esperado de cada requisito que en ellos se exija. Si bien no es necesario certificarse en estas normas (decisión que toma cada organización), los beneficios son evidentes una vez implantadas en términos de productividad, calidad, ambiente de trabajo y clima laboral, factores que, sumados, entregan confort y ambientes libres de accidentes.

Por último, el comportamiento debe apoyarse en una gestión en la que los líderes tienen un rol fundamental, en el sentido de involucrar y comprometer a sus equipos de trabajo en la construcción de un ambiente seguro. Cada actividad del día a día es una oportunidad para reforzar la relación directa con los trabajadores, tendiendo a la creación de ambientes de confianza, que finalmente se traducirán en comportamientos seguros.

Por medio del análisis de los eventos -a través de los estudios de Heinrich y Bird, por ejemplo-, se observa que el origen de las pérdidas con lesiones a las personas está relacionado directamente con un número más elevado de casi accidentes, que, a su vez, se originan en desvíos. La gran mayoría de los desvíos se origina en actitudes influenciadas por el comportamiento.

Desarrollo del liderazgo

Una cantidad significativa de accidentes y casi-accidentes puede evitarse desarrollando comportamientos seguros. Esto, a través de la eliminación de comportamientos riesgosos y preservación de aquellos que son seguros, mediante el cumplimiento de estándares pre establecidos por la organización, reglas de seguridad, procedimientos, etc., pero, principalmente, en el desarrollo de facultades que permitan tomar decisiones correctas de acuerdo a la información que vaya entregando el ambiente de trabajo. Por esta razón, se debe ir reforzando constantemente la percepción del riesgo de los trabajadores y, en este aspecto, el liderazgo es el principal actor con la creación de ambientes de confianza que permitan que los problemas sean visibles y así tomar medidas preventivas ante un accidente. Los líderes deben asumir y demostrar su compromiso frente a sus equipos de trabajo, así como también comprender la cultura laboral, para que el mensaje sea recibido en la forma correcta reflejándose en su comportamiento, el que debe ser congruente entre lo que se dice y se hace.