03 JUL 2013 | COLUMNA DE OPINIÓN

¿Qué puede aprender un Pyme en una escuela de negocios?

Es bueno desafiar nuestros conocimientos, ponerlos en duda, replantearlos y reformularlos.

Por Juan Carlos Valda / Grandes Pymes

Ante la pregunta “¿la universidad forma realmente a los profesionales para ayudar al pequeño o mediano empresario para administrar su empresa?” la respuesta es “no siempre”. ¿Por qué?.  

Imaginemos que acabamos de comprar un biplano y deseamos aprender a pilotearlo. Así, vamos a una escuela de aviación. Pero allí, nos instruyen para pilotear un Boeing 747. Si bien ambos son aviones, las características, equipamiento y capacidades que cada uno requiere no son trasladables al otro. Algunas habilidades cruciales para conducir un 747 son innecesarias para nuestro pequeño biplano. Al mismo, tiempo necesitaremos adquirir otras habilidades que, para el piloto de un Boeing, no tendrían ninguna relevancia ya que estarían automatizadas. 

Las pequeñas y medianas empresas no son corporaciones en miniatura 

Esta situación es análoga a la que suele enfrentar un empresario PyME en una escuela de negocios. Lo que allí le enseñan no está mal. Pero tampoco es verdaderamente útil. 

Una pequeña empresa no es una gran compañía en miniatura. Su modelo organizacional exhibe características específicas que no están presentes en una corporación. 

La informalidad característica de los procesos de la PyME hace que su gestión sea esencialmente diferente a la de las grandes organizaciones. 

Así, los graduados de escuelas de negocios normalmente tienen muy en claro qué deberían hacer pero lamentablemente, no tienen tanta lucidez cuando llega el momento del "cómo" hacerlo. 

De esta forma, el empresario se siente frustrado cuando descubre que aquello que en la escuela de negocios le han enseñado que debería dar resultado, fracasa cuando lo aplica en su pequeña firma. 

El próximo paso normalmente es la autojustificación: "estas cosas no son para la PyME". Sin embargo, lo que en realidad ha fallado es su comprensión de la realidad integral de estas organizaciones. 

¿Para qué nos preparan las escuelas de negocios? 

1) Para manejarnos o tratar con gerentes, no con otros empresarios.  

2) Para trabajar con organigramas claros y precisos, pero no para dar la misma relevancia al sociograma (con lo cual, nos perdemos de poder interpretar lo que sucede y por qué suelen suceder las cosas) 

3) Para planear, administrar y controlar los canales formales de comunicación. Pero nos predispone mal contra los canales informales y su función casi conspirativa. 

4) Para creer que debemos esperar a tener una masa determinada de recursos para comenzar a aplicar ciertas de nuestras herramientas. Pero esto está muy alejado de la realidad y posibilidades de la pequeña y mediana empresa. 

5) Para creer que una gestión eficiente y profesional debe comenzar necesariamente por la definición clara y formal de la Visión, Misión, Valores, Objetivos y Estrategias.

Podríamos seguir con innumerables ejemplos más. Y, en todos los casos, llegaríamos al mismo resultado. 

Las escuelas de negocios no brindan TODOS los elementos necesarios para comprender la problemática y naturaleza de las pequeñas y medianas empresas. 

Debemos, por lo tanto, desafiar nuestros conocimientos, ponerlos en duda, replantearlos y reformularlos pero,  lamentablemente el tiempo que el empresario Pyme está dispuesto a “esperarnos” es excesivamente corto (no nos olvidemos que por las características de su modelo de gestión, por estar en medio de la “rueda operativa”, está acostumbrado a resolver y actuar casi de manera instantánea y no le gusta ni está preparado para esperar. Es más, dentro de su concepción,  la dilación es signo de incompetencia). 

Como consecuencia de ello, ante el simple paso del tiempo que considera lógico para él y ante la falta de resultados y/o acciones positivas (de acuerdo a su manera de ver las cosas), el empresario pierde la confianza en el profesional. Esto no implica en todos los casos la desvinculación del mismo, muchas veces, el camino es ignorarlo, desprestigiarlo y reimplantar a partir del fracaso, el modelo tradicional que siempre utilizó y normalmente con nuevos bríos. 

Este artículo es una cortesía del blog Grandes Pymes del Doctor en Ciencias de la Administración, Juan Carlos Valda.