19 JUN 2013 | COLUMNA DE OPINIÓN

Padres, hijos; una empresa, una ilusión

No es tarea fácil pasar de padre a jefe, e incluir criterios de negocios a una relación basada en lo afectivo.

Por Néstor Rabinovich / Grandes Pymes

En reunión con el fundador, conversábamos sobre la incorporación efectiva de sus hijos. Expresaba su alegría  por la posibilidad de continuidad empresaria,  lo difícil que era pasar de padre a “jefe”, e incluir criterios de negocios a una relación basada en lo familiar. Hasta que llegamos a tocar el tema del manejo de fondos que hacen los hijos en forma privada, y subió el tono de voz. “Como es posible que se gaste un dineral en ir a ver un grupo de rock, con toda su familia? No tiene sentido del cuidado de la plata! Así va a proteger el capital de la empresa? A ti te parece? En mi época…”

El futuro no es igual al pasado: Es evidente que estamos frente a un cambio de época: en valores, criterios, normas de trabajo, proyectos de vida. Hay maneras diferentes de tomar la vida y lo laboral. Articular ambas visiones es un desafío. Para cada uno, lo bueno y lo malo, lo aceptable y lo rechazable, tienen escalas distintas, y los juicios valorativos rotundos no ayudan a promover encuentros. Las posturas cerradas, que cada uno tire para su propio lado como en una cinchada, ponen en riesgo el proyecto empresario.

Yo creí que tú…: Cada uno espera algo del otro. El padre del hijo, el hijo del padre fundador. Siempre hay algún grado de satisfacción, o frustración. En varios niveles unos y otros no responden como es su expectativa original. Es necesario reformular las expectativas que cada uno hizo del otro, ayudarse generando planes de negocios compartidos. Se preservará el proyecto de negocios, la rentabilidad, y la vida de la familia empresaria, en tanto se compartan y traten las diferencias respecto a lo que cada uno espero del otro.

El temor al fundador: La sanción a las elecciones  de los hijos, produce temor a expresar ideas propias, iniciativas, o manifestar disidencias. Es malo, para la familia y la empresa. Todo proyecto necesita nutrirse de nuevas ideas, discusión de las diferencias. Se requiere por parte del fundador de un liderazgo, que propicie interacción. De qué sirve una empresa cuyo motor se apaga cuando el fundador no está? Hay que liderar el negocio y la acción familiar. A su vez, una consecuencia es que lo hijos, se amparan en el posible “no” del padre, para no avanzar y concretar alguna idea.

Admitir el error: Aceptemos márgenes de error en la gestión de cada uno. Es prioritario que el involucramiento de los hijos sea paulatino, en sectores donde el error represente consecuencias menos gravosas. Los irá preparando como empresarios, una capacidad en la que se formó el fundador. Pero hay un requisito insalvable: medir la gestión y los resultados.

Los ciclos de vida: Los hijos atraviesan un momento de su vida diferente a sus padres fundadores. La transición generacional es clave para la continuidad de negocios. La visión y reacción de cada uno responde al momento de su vida. Cada uno tiende a ver las cosas según sus vivencias y conocimientos, y cree que son irreconciliables. La sabiduría esta en buscar siempre equilibrios, sin prever las necesidades de la empresa, cuyo ciclo de vida tiene su propia lógica.

Festejar: Hacer viable un negocio presupone niveles de stress altos por lo que hay en juego. Pero se incrementa por la dificultad de encontrar vasos comunicantes entre padres e hijos, que si vigilan unos a otros, haciendo la vida cotidiana mucho más agotadora. Por eso hablo de festejar: se practica muy poco el ritual de los acontecimientos festivos, los pequeños logros y avances, promoviendo situaciones que los despejen del día a día.

De qué discutimos: Solemos iniciar un tema, nos apasionamos, enceguecemos, y no sabemos de que terminamos hablando, perdemos la brújula. Peligra el conjunto familia empresa, si no ponemos límites. Qué podemos aprender de los habituales reproches mutuos. Cómo hacer para enfocarnos en el futuro. Cómo lograr que los hijos desarrollen capacidades emprendedoras y lleven adelante el proyecto en conjunto. Para el fundador, su empresa es casi como un hijo, su desafío es dejar que tome vuelo, compartiendo desde ahora el viaje con sus hijos, más allá de las diferencias, gustos y proyectos personales.

 

Este artículo es una cortesía del blog Grandes Pymes del Doctor en Ciencias de la Administración, Juan Carlos Valda.