09 SEP 2015 | ARTÍCULO

Autorregulación asistida

La discusión abierta por la SVS es, sin duda, una medida alentadora, dado que se establecerán nuevas normas, tan urgentes y necesarias para actualizar nuestra legislación en materia de Gobiernos Corporativos, considerando el escenario actual. 

Por Gonzalo Jiménez / Revista Dinero, EMB                      

La Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) puso en consulta para comentarios del mercado y público general el denominado “Fortalecimiento de Estándares de Gobierno Corporativo de las Sociedades Anónimas Abiertas”. Una apuesta por perfeccionar la información que entregan las sociedades en materias de gobierno corporativo, responsabilidad social y desarrollo sostenible.

Una primera aproximación indica que esta es una medida alentadora, porque apunta a llenar los vacíos de nuestra legislación, que han quedado en evidencia con los últimos escándalos financieros. La SVS asume que este es un proceso de aprendizaje y mejora continua, que incluye ensayo y error, como el hecho de confiar en la autorregulación, para la que -evidentemente- el mercado aún no está completamente preparado.

Aparecen entonces las oportunidades. La primera es para los gremios, que tienen la opción de hacer de las buenas prácticas su propia bandera. Luego, una mayor transparencia y rendición de cuentas, que permitirán una correcta y adecuada toma de decisiones para los accionistas.

Otra importante oportunidad que abre este debate está en la relación de los directorios con los stakeholders. Se espera información continua sobre cómo serán sus negocios y operaciones, lo que a su vez permitirá una mayor integración de directorios y empresas a la comunidad. Y es que, en la práctica, la SVS ha hecho un llamado de atención a las empresas, porque aquí no solo están en juego proyectos de decenas o cientos de millones de dólares que han debido ser archivados, sino que el capital de credibilidad y confianza que constituyen alimento para todo el sistema.

Los costos

Como toda gran modernización, los ambiciosos planes de la SVS involucran una potente inversión para las empresas, que deberán considerar la contratación de asesoría externa para acompañar a las sesiones a cada director que así lo requiera. Aquí la SVS propone que las compañías cuenten con asesorías externas que estimen la idoneidad del número de reuniones y el tiempo dedicado por cada uno de los directores a este trabajo. Además, se calculará el tiempo que se destinará al trabajo ante casos de contingencias graves y la contratación de un tercero para tales efectos.

Como resultado se espera contar con personas más enfocadas en un número acotado de directorios, lo que permitirá que se dediquen y aporten a ellos. Así se evita que estén presentes solo a través de una firma, sin agregar mayor valor a esa participación. 

Toda esta estructura profesional y de asesoría especializada de alto nivel tendrá sin duda un impacto importante en las arcas de las empresas. Pero, más allá de los recursos económicos involucrados, es muy probable que estos cambios exijan un fuerte cambio cultural que podría ser aún más costoso que la inversión material. Los directorios tendrán que cambiar su forma de trabajar, de relacionarse e, incluso, deberán convertirse en instancias abiertas, en lugar de los verdaderos clubes -de Toby- que son hoy.

La contratación de externos no es un lujo antojadizo de la SVS. Si bien las empresas chilenas han sido tradicionalmente reconocidas a nivel internacional por su capacidad para agregar valor, también es cierto que lo ocurrido en cosa de semanas en dos importantes grupos responde a viejas prácticas que los mercados más desarrollados vetaron hace mucho tiempo. De ahí que el aporte de externos pueda contribuir a evitar nuevos bochornos.